¡Contra las agresiones sexuales y la explotación de las trabajadoras!

Hace unas semanas, a finales de abril, la revista alemana Corrective.org publicaba un reportaje que destapaba los abusos sexuales y laborales continuados a las temporeras en los campos italianos, marroquíes y españoles, más concretamente en Huelva.

Las denuncias que se sucedieron por parte de varias trabajadoras pusieron sobre la mesa una realidad ocultada pero lamentablemente bien extendida y conocida entre las trabajadoras, víctimas de la necesidad, inmigrantes, pobres y en su mayor parte analfabetas, que se enfrentan a la extorsión, al chantaje, a los abusos y agresiones por parte de sus superiores. Las condiciones de vida y de trabajo casi esclavistas son parte de la vida cotidiana de miles de mujeres en nuestro país.

La respuesta de la patronal y de los sindicatos mayoritarios cuando esta realidad saltó a la luz pública fue unánime: negaron tener conocimiento de ningún caso y además la patronal trató de vincular estas denuncias a una campaña de otros competidores europeos para desprestigiar la fresa onubense. Ciertamente, los intereses empresariales son muy fuertes (7.000 hectáreas y más de 300.000 toneladas anuales de fresas) pero quienes pagan los platos rotos de un sector que facturó 395 millones de euros en 2016-17 son las trabajadoras sometidas a una condiciones realmente miserables, sin que la Administración Pública haga nada por evitarlo.

Un sistema diseñado para explotar, coaccionar y agredir a las mujeres

Todo está diseñado para escoger a las trabajadoras con más dificultades familiares y personales que las coloquen en una situación de mayor vulnerabilidad a la hora de aceptar cualquier cosa a cambio de algo de dinero para sobrevivir, para que sus familias puedan salir adelante. Esto empieza con los propios requisitos de contratación (que la Ley permite) y que los gobiernos marroquí y español buscan: viudas, casadas o separadas, de 18 a 45 años, procedentes de zonas rurales y con hijos de hasta 14 años, para que así se marchen en cuanto acabe la campaña y que las denuncias que interponen las mujeres no prosperen porque no llegan a ratificarse al volver a su país.

Las condiciones que soportan para cobrar 40 euros al día son el incumplimiento sistemático de los horarios, la propia temporalidad, que es un aspecto que afecta mucho más a la mujer trabajadora que al varón, la lejanía de su tierra y familia, las condiciones materiales deplorables en que se encuentran sus viviendas - contenedores de chapa, amueblados con seis literas y sin agua potable- , y las propias dificultades que ellas mismas relatan para su subsistencia con dificultades para comprar incluso comida… Un relato espeluznante y unas condiciones que encajan perfectamente en la estrategia de mantener mano de obra sumisa, acostumbrada a sufrir sin apenas quejarse y a soportar condiciones de vida degradantes de semi- cautiverio.

La patronal y su intento desesperado por seguir tapando los abusos y agresiones a las temporeras

La mano de obra sin cualificación es fácilmente intercambiable, por eso la empresa Doñana 1998, cuando se encontró sobre la mesa una serie de denuncias, intentó fletar un bus de vuelta a Marruecos (incumpliendo el contrato) para poner fin a sus justas exigencias, hasta el punto de que un empresario que prefiere no dar la cara dice al diario El Español “Este año nos han traído las putas de Agadir y Tánger. Vienen sabiendo lo que quieren, sacar algún beneficio. Por eso denuncian”; otro empresario en Moguer reconoce “No sabemos por qué, pero las mujeres han dado un paso adelante y han comenzado a denunciar. El machismo que algunos llevan dentro les hace llamarlas putas por no ceder a sus chantajes”, otro empresario aporta “aquí se sabe que alguna gente, que son los menos, organizan fiestas con mujeres que las tienen trabajando y viviendo en sus fincas. A algunas se las paga pero otras ceden por el mero hecho de no perder el trabajo y poder regresar el año que viene”. Creemos que hay material más que suficiente para que la Administración hubiera tomado cartas en el asunto hace mucho tiempo. A pesar de ello, ni la Junta de Andalucía (presidida por una mujer, Susana Díaz) ni la inspección de trabajo, ni la Fiscalía, ni los servicios Sociales han tenido la intención de poner freno a esta situación que viene produciéndose desde hace muchos años pese a contar con los mecanismos necesarios para hacerlo.

Doblemente explotadas, doblemente revolucionarias

Es necesario tener mucho valor y confianza en la unidad de su colectivo para atreverse a denunciar esta realidad, merece todo nuestro apoyo y la exigencia de terminar con el cáncer del machismo en el medio rural, que es tolerado como un hecho arraigado, casi una “respetable tradición” por las Administraciones. Las denuncias de las temporeras y sus protestas han obligado a la Consejería de Justicia andaluza a pedir una investigación a la fiscalía de Huelva. Pero las condiciones de estas mujeres son realmente insoportables y conviven con la apatía más descarada de la Administración que tranquilamente “deja hacer” mientras mira para otro lado. Esto es lo que ha sucedido hasta ahora.

Algunas de estas mujeres han tenido que escapar de las fincas donde trabajaban y se encuentran escondidas en otros pueblos de Andalucía hasta que puedan testificar ante el juez. También algunas de las que denunciaron las agresiones dicen que no pueden volver ahora a Marruecos. Tal y como revelaba el reportaje publicado en el diario El País a algunas de ellas:

 “Ahora no puedo volver porque mi familia y la de mi marido me matarán. Tengo mucho miedo”. La repercusión mediática de los supuestos abusos y de una revuelta que protagonizaron en la finca llegó a los muros de Facebook de los suyos. Su marido la reconoció en las imágenes y le preguntó sobre los abusos. Ella le negó ser una de las víctimas. “Lo único que quiero es que se demuestre la verdad de nuestra historia”, mantiene. “Tengo que recuperar mi dignidad”.

Estas mujeres, sometidas a las peores condiciones, han desafiado los obstáculos más poderosos y levantado su voz contra la injusticia, exigiendo su dignidad y sus derechos. Su valentía, su entrega y su determinación merecen todo nuestro reconocimiento y solidaridad. Son un auténtico ejemplo para todas las que luchamos por acabar con esta la opresión que se cierne sobre las mujeres trabajadoras todos los días.

El colectivo de mujeres del SAT ha convocado una manifestación en Huelva el próximo 17 de junio en apoyo a estas trabajadoras. Es la única organización que de momento se implica en una lucha que es tan importante, ya que después de tantos años de soportando violaciones, abusos insultos y explotación laboral al fin la mujer empieza a levantar la cabeza y a luchar por lo que es suyo.

Desde Libres y Combativas queremos trasladar todo nuestro apoyo a las temporeras y llamar a toda la juventud a participar en las manifestaciones de solidaridad que se están organizando en todo el Estado para denunciar y acabar con esta terrible situación.

*En las próximas horas ampliaremos la información sobre las manifestaciones a las que puedes acudir para mostrar tu apoyo.

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