La lucha por el aborto libre, seguro y gratuito en Argentina ha dado un nuevo paso adelante. El pasado 11 de diciembre el Congreso del país austral dio luz verde a la ampliación de los supuestos para que el ejercicio de este derecho sea legal.

La norma aprobada por la Cámara de Diputados regula el aborto libre hasta la semana 14 de gestación y establece un plazo máximo de 10 días entre que se solicita la interrupción del embarazo y esta se lleva a cabo. Ahora es el Senado el que, probablemente el próximo 29 de diciembre, debe aprobar la ley para que entre definitivamente en vigor.

No es la primera vez que tras ser aprobado en el Congreso, el derecho al aborto es tumbado en el Senado. Hace solo dos años, en 2018 el Senado argentino rechazó el proyecto de legalización del aborto que también había aprobado previamente en el Congreso. Precisamente por eso las espadas siguen en alto. Ningún derecho nos ha sido regalado, sino que todos aquellos derechos que la clase trabajadora y las mujeres hemos logrado ha sido arrancado a través de la lucha más contundente. Por ello es necesario redoblar la presión y la movilización para, esta vez sí, doblegar la resistencia de los elementos más reaccionarios atrincherados en la Cámara alta.

Una nueva oportunidad fruto de la lucha

La Campaña en defensa de este derecho elemental para las mujeres ha aglutinado a diversos colectivos sociales (Madres de Mayo, etc.) y colocado el debate en el centro de la vida política de la República.

La discusión sobre el aborto es en definitiva el debate sobre la libertad de la mujer, por esta razón encuentra una resistencia tan fiera en la derecha y en los reaccionarios argentinos en general.

Actualmente una ley sobre el aborto que data de 1921 es la que rige los destinos de millares de mujeres argentinas. Una ley que solo contempla la legalidad del aborto en caso de violación o malformación fetal, algo absolutamente insuficiente.

Desde el rechazo del Senado en 2018, el movimiento en defensa del derecho al aborto libre, seguro y gratuito, “la Marea Verde”, no ha descansado, no se ha resignado con el resultado de dos años atrás y ha seguido empujando, hasta conseguir una nueva oportunidad para que las mujeres argentinas dejen de poner en riesgo su salud, de ser consideradas criminales y de ser estigmatizadas socialmente por el hecho de ejercer la libertad sobre su cuerpo. Que otra vez esté la aprobación de la Ley sobre la mesa es una gran victoria del movimiento social.

La ley vigente condena abiertamente a la clandestinidad a aquellas mujeres que deciden interrumpir su embarazo de forma libre y obliga a miles cada año a someterse a abortos ilegales en condiciones insalubres que ponen en riesgo sus vidas. Alrededor de 38.000 mujeres son hospitalizadas cada año por abortos mal practicados y desde 1983 han muerto más de 3.000 mujeres por complicaciones debidas a interrupciones de embarazos de manera insegura e ilegal, que se cifran entre 370.000 y 520.000 al año.

Por eso el movimiento exige no solo que se retiren los supuestos para abortar legalmente, sino también un acceso garantizado a los servicios sanitarios interdisciplinares que asegure un seguimiento digno de la salud de la mujer durante y tras el aborto, así como la financiación (dentro del Programa Médico Obligatorio) para que toda mujer pueda acudir sin discriminación a la sanidad pública.

Pero la cuestión de la inversión económica, así como otros muchos aspectos no se van a resolver aunque el Senado de luz verde a la Ley. Esa será una gran conquista, pero una vez más no nos será regalada, porque para que la nueva Ley sea efectiva deberá ser aplicada. Para ello otra cuestión fundamental será la batalla ideológica para doblegar la resistencia de los médicos más reaccionarios. No podemos permitir que acogiéndose a la objeción de conciencia puedan condicionar de tal manera el proceso para poder abortar – llegando incluso a dilatar el tiempo antes de derivar a las pacientes -, que en la práctica tengan la facultad de imposibilitar el derecho a abortar, aunque la ley lo permita. Por eso también las activistas del movimiento y las revolucionarias somos conscientes de que la lucha no termina con la aprobación de la Ley.

Las movilizaciones y la presión social rompen todos los esquemas. La posición del peronismo

El peronismo es un movimiento político muy heterogéneo. En él conviven tendencias que se consideran progresistas y de izquierda, con otras que tienen un marcado carácter reaccionario.

Esto también ha quedado patente en el debate sobre el aborto que se viene produciendo en Argentina en los últimos años, en el que el Partido Justicialista (Peronista) ha participado claramente dividido. Ha sido la presión social la que ha obligado al Partido Justicialista a tener que abordar esta cuestión. De hecho durante la presidencia de la peronista Cristina Fernández (de 2007 a 2015), no se llegó a promover ninguna ley que sustituyera a la retrógrada vigente.

La lucha desatada en torno a la necesidad de conquistar el derecho al aborto libre y gratuito, la profundidad y apoyo social que esta ha alcanzado (según algunos sondeos, un 70% de las mujeres aprueba la total despenalización del aborto) es, sin duda, la energía que está rompiendo barreras para lograrlo y obligando a los dirigentes peronistas a tener que pasar de las palabras vacías, a los hechos. Esta presión fue un gran “estimulo” para que Cristina Fernández votara afirmativamente en el debate parlamentario de 2018 a pesar de haber evitado conscientemente esta cuestión durante su legislatura. Ahora como vicepresidenta y presidenta de la Cámara Alta tiene la facultad para, con su voto, romper un empate en caso de producirse.

La reacción no quiere ceder. El papel de la Iglesia Católica y la derecha argentina

Todo esto se da además cuando un Papa argentino se sienta en el trono del Vaticano. Este es presentado, incluso por representantes políticos que se autodenominan de izquierdas, como un hombre progresista; sin embargo ya durante la aprobación del matrimonio igualitario hace algunos años, demostró su verdadero rostro al declarar que el matrimonio entre personas del mismo sexo es un hecho demoníaco.

En el debate actual también está posicionándose contra este derecho. Preguntado sobre cuál es su posición sobre el proceso de discusión sobre la despenalización del aborto en Argentina, este contestó: “¿Es justo eliminar una vida humana para resolver un problema? ¿Es justo alquilar un sicario para resolver un problema? Me causa gracia cuando alguien dice: ¿Por qué el Papa no envía a la Argentina su opinión sobre el aborto? Pues la estoy enviando a todo el mundo (incluso a Argentina) desde que soy Papa”. (Aciprensa 5-dic-2020)

La influencia de la Iglesia es evidente; sin ir más lejos el alcalde de la ciudad autónoma de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta llegó a declarar literalmente que, “consagraba su vida y la de su distrito al Sagrado Corazón de Jesús”.

Pero millones de argentinos no han olvidado que la Iglesia Católica no cuestionó en ningún momento las torturas a mujeres embarazadas durante la dictadura militar, o el robo y venta de recién nacidos de mujeres detenidas.

La lucha es el único camino

Está claro que la reacción no quiere ceder ni un milímetro, por eso  frente a la “Marea Verde” la derecha y los antiabortistas han lanzado una contramarea, la “Marea Celeste”. Estos elementos basan su actividad en exhibir grotescos muñecos mutilados y ensangrentados, rezos de rosario y cabalgatas bíblicas para coaccionar y tildar de asesinas a las mujeres que quieren ejercer su derecho a abortar.

Pero como ha demostrado esta Marea verde imparable, consiguiendo que estas movilizaciones sean conocidas y apoyadas por todo el mundo, el  apoyo social de estos elementos reaccionarios es mínimo y es el estamento eclesiástico su verdadero sostén.

La masiva y poderosa lucha por el derecho al aborto libre y gratuito ha abierto de nuevo la oportunidad de conquistar un derecho básico para las mujeres, y especialmente para las jóvenes y trabajadoras que son quienes arriesgan sus vidas sin ninguna garantía por falta de recursos. Solo luchando en las calles podremos decidir libremente sobre nuestros cuerpos, obligar a retroceder en el terreno social a la Iglesia Católica y avanzar en el objetivo de salvar la vida de miles de mujeres que año tras año mueren al serles practicados abortos clandestinos e insalubres.  

Como gritaban millones, ¡educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal para no morir!

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