Hasta en la sopa. El despliegue mediático para recibir al papa León XIV, de visita entre 6 al 12 de junio en Madrid, Barcelona, Tenerife y Gran Canaria, ha demostrado que la izquierda gubernamental no tiene límites cuando se trata de abandonar principios y blanquear una institución ligada al sufrimiento más profundo de nuestro pueblo.
Pilar de la dictadura franquista, sostén de la represión y la opresión cotidiana que sufrieron nuestros abuelos y padres, azote de los derechos de las mujeres, responsable de violencia sexual y pederasta contra miles de niños y jóvenes, y con un poder económico e ideológico blindado por los enormes privilegios que todos los Gobiernos del régimen del 78 la han concedido, la Iglesia Católica, y su máximo representante coronado, están recibiendo un trato memorable por parte de este Gobierno “progresista”. Para sorpresa de muchos, León XIV es ahora el campeón del “derecho internacional” frente a Trump y un “aliado estratégico” en la batalla contra la extrema derecha. Ver para creer.
En estos términos se refería José Antonio Naz, presidente de Europa Laica, a lo que estamos viviendo en estos días: “Parece que estuviéramos en el medievo, en el ‘reino cristiano’ de España, recibiendo al jefe de la Iglesia que viene a visitar uno de sus reinos”[1].

Esta apreciación refleja perfectamente el espectáculo lamentable que se está desarrollando ante nuestros ojos. El Gobierno del supuestamente aconfesional Estado español ha declarado el viaje papal como un acontecimiento de especial interés público y derrocha recursos para hacerlo visible.
A estas alturas a nadie le cabe duda de que Pedro Sánchez y sus ministros se empeñan en presentar a León XIV como un elemento progresista, “protector” de los inmigrantes y enemigo de la crispación política, y a la institución de la que es su máxima autoridad como una entidad muy espiritual y muy defensora de la paz, la justicia y el “derecho internacional”. La misma institución, es verdad, que tiene inversiones multimillonarias en la industria bélica, controla bancos y encubre sin sonrojo el machismo y la violencia sexual más deleznable.
Pero todo este maquillaje político no puede ocultar lo que se esconde tras esa fachada de bondad. León XIV no deja de defender los principios reaccionarios y misóginos de la institución que encabeza[2], y de confirmar en posiciones de máxima responsabilidad a elementos fanáticos de extrema derecha, como la trumpista María Montserrat Alvarado, presidenta y directora de operaciones de la cadena de televisión estadounidense ultraconservadora EWTN News, a la que ha designado nueva prefecta de comunicación del Vaticano.
Pero qué más da todo esto. Si el papa ofrece una oportunidad para escapar de una situación difícil, pasar pantalla de la imputación al expresidente Zapatero y de los casos de corrupción que salpican al PSOE, y hacerlo no recurriendo a un giro a la izquierda sino elevando a León XIV al altar del progresismo mundial, aunque eso nos obligue a comulgar con ruedas de molino en una campaña zafia y ruidosa, que así sea. Los caminos de dios son inescrutables, y los de la socialdemocracia también.
Un derroche que los retrata
El “Gobierno más progresista de la historia” se ha volcado en este evento como si le fuera en ello la vida, y no ha escatimado recursos materiales, financieros y humanos.
El Ministerio del Interior ha desplegado un inmenso operativo para garantizar la seguridad del papa y ayuntamientos y comunidades autónomas han puesto las infraestructuras públicas a disposición de la organización de la visita papal.

TVE y RNE han organizado un despliegue técnico sin parangón para emitir horas y horas del evento en todas las franjas horarias, saturándonos de crónicas propagandísticas y clericales que dejan en buen lugar al NO-DO franquista.
Aunque el presupuesto no está cerrado, la Conferencia Episcopal Española (CEE) calcula que el coste de la visita se elevará a 25 millones de euros y que el Estado aportará el 20%. Pero esa cifra, si incluimos el coste total, es sin duda mucho mayor. De entrada, el Gobierno movilizó más de 80 millones de euros “para garantizar la coordinación y la seguridad de la visita, según expuso la portavoz del Gobierno, Elma Saiz, en la rueda de prensa posterior al Consejo de ministros del 26 de mayo”[3].
A esto hay que sumar que al haber sido declarada la visita del papa como acontecimiento de especial interés público, a las donaciones de empresas y particulares se les aplican los beneficios fiscales en su rango máximo[4].
En definitiva, reproduciendo las palabras del presidente de Europa Laica “el Gobierno político parece actuar como virrey de la colonia religiosa y tiene que encargarse de todos los preparativos sin escatimar gastos con tal de facilitar el cumplimiento máximo de los objetivos evangelizadores del rey religioso”[5].
La ovación más larga del Parlamento
El vasallaje al papa alcanzó su punto álgido el 8 de junio cuando en el Congreso de los Diputados se llevó a cabo una sesión conjunta entre diputados y senadores, (a la que no asistieron los parlamentarios del BNG y Podemos) para ceder el estrado a León XIV. Al finalizar su “homilía parlamentaria”, diputados y senadores del PSOE, de Sumar, de IU, de ERC, de EhBildu… batieron sus palmas junto a los del PP y Vox agasajando al pontífice con más de siete minutos de entusiastas y serviles aplausos.

Una ovación a un discurso en el que endulzado con la retórica vacía y los lugares comunes de los llamamientos a la paz, la concordia, la integración y la convivencia de todos los seres humanos (palabras que cuestan poco y comprometen a nada), el papa atacó el derecho de las mujeres al aborto y a tener un final digno con la eutanasia, derechos básicos a los que la Iglesia Católica se opone con uñas y dientes. Al mismo tiempo León XIV no hizo ni la más mínima alusión a los crímenes que la Iglesia tiene en su haber y por los que todavía no ha rendido cuentas, como su apoyo a una dictadura sangrienta que duró cerca de cuarenta años y que su Iglesia santificó, a los miles de "bebés robados”[6] mediante la intervención criminal de curas y monjas, o a los abusos sexuales generalizados dentro de su seno.
Las víctimas no han recibido justicia, verdad ni reparación
Tras muchas evasivas, ese mismo lunes 8 el papa se reunió, en privado y rodeado de secretismo, con un grupo de víctimas de pederastia escogido cuidadosamente porque no denuncian, no hablan con la prensa y se someten a todas las directrices de la Conferencia Episcopal.
Este juego hipócrita y de gestos teatrales que no significan nada y comprometen a la Iglesia a menos, contrasta con el sufrimiento de cientos de miles de personas agredidas sexualmente por parte de sacerdotes y en espacios eclesiales, y que hasta el momento siguen sin tener el reconocimiento público que merecen, ni la reparación económica, ni la justicia que necesitan. El abandono al que se ven sometidas por el Gobierno y los organismos del Estado, y la impunidad de la que goza la Iglesia Católica para seguir saliendo indemne de estos crímenes, muestran la “calidad” de esta democracia.

Tanto se han pasado en esta visita blanqueando a la Iglesia, que Silvia Intxaurrondo mostró su hartazgo entrevistando en su programa La Hora de la 1 a Miguel Hurtado, una víctima de pederastia que denunció con todo lujo de detalles la hipocresía vomitiva de la jerarquía vaticana, de la Conferencia Episcopal Española (CEE) y también del Gobierno.
Miguel es portavoz de la asociación Reparación Integral Ya y primer denunciante de pederastia en la Abadía de Montserrat. Sus palabras rebosan de verdades incomodas: “Una de las cosas que me llaman mucho la atención es cómo en el siglo XXI el líder de la Iglesia Católica, que se ha erigido como defensor de la Declaración Universal de los DDHH, del derecho internacional, de la dignidad humana, puede pretender ir a la escena de un crimen, Montserrat, sin hablar con las víctimas de un delito y sin asegurarse de que las víctimas sean reparadas”[7].
Pero León XIV no solo ha visitado la Abadía de Montserrat, sino que con toda la cínica naturalidad que le caracteriza no se ha dignado a mencionar la pederastia en el ámbito de la Iglesia en Catalunya, el territorio con más casos en el Estado español.
Las muestras de desprecio hacia las víctimas no han quedado ahí. En el encuentro del Papa con los agustinos españoles del domingo, estaba Agustín Alcalde, el prior provincial de la orden entre 2010 y 2014 que encubrió durante años los abusos sexuales sufridos por una niña de 6 años, hechos que fueron denunciados ante la policía. Una vez más, el papa volvió a mirar para otro lado, compartió espacio con este sujeto infame y actuó igual que hiciera en 2010-2014, cuando como Robert Prevost era el prior general de la orden y no movió un dedo.

Esta es la realidad. Mientras se premia a víctimas de “perfil bajo” y se las utiliza para aparentar que las autoridades eclesiásticas están tomando medidas, se ningunea a las que activamente defienden y exigen reparaciones, castigo a los depredadores y a los responsables que durante décadas han encubierto estos crímenes.
Pero no nos llevemos a engaño. Si la iglesia ha despreciado tanto sufrimiento es porque cuenta con el beneplácito y la complicidad de todos los Gobiernos, incluido el Gobierno PSOE-Sumar. Durante muchos años la cúpula eclesiástica ha negado oficialmente los hechos y cuando las pruebas y denuncias presentadas fueron tan abrumadoras que no pudieron seguir negándolo, intentaron minimizarlo y achacarlo a comportamientos minoritarios y aislados.
En 2023 el Defensor del Pueblo, Ángel Gabilondo, presentó un demoledor informe sobre los abusos sexuales en el ámbito de la Iglesia católica que los dirigentes de la Iglesia tacharon de falso. En él se calculaba que 440.000 personas habían sido víctimas de agresiones sexuales en el ámbito eclesial y se confirmaba que esta institución había funcionado, y lo seguía haciendo, como un entramado organizado que perpetró, permitió, protegió y ocultó estos abusos.
Se estima que al menos siete cardenales y 61 obispos españoles encubrieron a pederastas durante décadas. Frente a esto la Iglesia guarda silencio. El papa Francisco decidió mantenerse al margen de este asunto y delegar en la CEE, que ha seguido apostándolo todo a la carta de la opacidad y la negación. León XIV sigue actuando de la misma forma.
Por su parte el Gobierno PSOE-Sumar ha intervenido con suma tibieza siguiendo el ritmo marcado por las autoridades eclesiásticas. El Ejecutivo y la CEE firmaron en marzo un protocolo para la indemnización de víctimas que no incluye un baremo para cuantificar las indemnizaciones, la reclamación más insistente de los afectados, y permite que las órdenes religiosas, congregaciones, etc., se declaren insumisas y puedan negarse a pagar las indemnizaciones.

Los privilegios de la Iglesia Católica siguen intactos después de dos legislaturas de Gobierno de Pedro Sánchez
Europa laica calcula que la Iglesia Católica española recibe del Estado más de 11.000 millones de euros al año por diversos canales. La institución posee más de 5.000 inmuebles inmatriculados y tienen miles de lugares registrados como de culto y exentos de pagar el IBI que en realidad no funcionan como tales.
El peso de la Iglesia Católica en el sistema educativo sigue siendo omnipresente, controlando la parte del león de la escuela privada-concertada por la que recibe miles de millones de euros al año en subvenciones[8], y la asignatura de religión sigue formando parte de los planes de estudio de los centros de enseñanza pública.
La lista de privilegios eclesiásticos sigue siendo larga. Todo en un país en el que el número de ciudadanos que se declara creyente no deja de retroceder: según el CIS, en abril de 2025 el 55,4% se declaraba creyente frente al 90% de 1978, y solo el 18,8% acude a oficios religiosos con frecuencia.
El desprestigio de la Iglesia Católica es amplio y va en aumento, como demuestra el hecho de que el 71% de los españoles considera que la Iglesia sigue encubriendo casos de pederastia.
Toda la palabrería de Pedro Sánchez y sus ministros y ministras sobre la necesidad de fortalecer la laicidad en la sociedad española, como siempre que hay que enfrentar a los pilares que sostienen el sistema capitalista (y la Iglesia Católica es uno de los más firmes), ha quedado en nada. El Concordato con la Santa Sede después de haber declarado en multitud de ocasiones la intención de derogarlo, sigue plenamente vigente y nada indica que la situación vaya a cambiar.

El grosero lavado de imagen que el Gobierno del PSOE y sus aliados parlamentarios está brindando a la Iglesia Católica con este viaje papal no engaña a nadie. León XIV y la institución que representa son celosos guardianes del orden establecido, de esa economía de mercado imperialista que genera y eterniza la desigualdad, la pobreza y la injusticia, y que nos arrastra a guerras devastadoras por interés de una minoría.
León XIV, siguiendo la estela de su antecesor Francisco, intenta frenar la decadencia de la Iglesia Católica Apostólica Romana, pero no lo conseguirá por muchos recursos de embaucador que utilice y por mucha ayuda que reciba de los que, desde supuestas posiciones de izquierda, no son otra cosa que servidores de un sistema que también les colma de privilegios.
Notas:
[1] Visita del papa de Roma ¿y de España?
[2] La Iglesia Católica nunca ha dejado de ser una de las organizaciones más reaccionarias del planeta
[3] https://www.ultimahora.es/noticias/sociedad/2026/06/06/2643455/factura-del-viaje-del-papa-leon-xiv-espana-quien-paga-mas-millones-dinero-publico.html
[4] Deducciones fiscales, subvenciones millonarias, cesiones gratuitas de espacios: el Estado se vuelca con la visita del papa
[6] Desde el franquismo hasta los años 80 unos 300 000 recién nacidos fueron robados a sus madres y vendidos en secreto a padres adoptivos en el Estado español. Un sistema en el que la Iglesia católica española desempeñó un papel activo, sobre todo a través de una red de conventos e intermediarios. Bebés robados, la Iglesia católica y Franco
[7]La Abadía de Monserrat admitió en 2019 14 casos de abusos por parte de dos de sus monjes y reconoce que “se omitió cualquier tipo de actuación” en la mayoría de ellos. Aun así se ha declarado «insumisa moral» frente al protocolo de reparación de víctimas firmado entre el Gobierno y la Iglesia, y se niega a aplicarlo. Una víctima de abusos en la Iglesia denuncia la visita del papa a Montserrat: "Es un acto de violencia institucional; no va a ayudar a cerrar heridas"
[8] En el Estado español hay más de 2.500 colegios de “inspiración cristiana” más quince universidades vinculadas con la Iglesia. Además, los empresarios de la educación privada-concertada, controlada en más de un 60% por la Iglesia, se embolsan más de 6.000 millones de euros al año por las aportaciones del Estado.



















