¡Pero sin confundirnos de enemigo!

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Este 25N decenas de miles de mujeres, y muchos de nuestros compañeros también, hemos tomado las calles de todo el Estado contra la violencia machista, la justicia patriarcal y la ofensiva de la ultraderecha hacia nuestros derechos. 

Libres y Combativas hemos estado participando activamente en todas ellas, defendiendo nuestra alternativa revolucionaria y de clase, organizando cortejos combativos llenos de miles de jóvenes y trabajadoras. Y en nuestro discurso hemos subrayado que el feminismo no es transfobia, y que las alianzas con la extrema derecha para golpear a Irene Montero, al margen de las discrepancias legítimas que se puedan tener, son realmente vomitivas y despreciables. Quien va de la mano con Vox y el PP en esta campaña de linchamiento, hace el juego a la violencia machista.

El sector del feminismo institucionalizado, de postureo, carente de combatividad y que muestra un alejamiento completo de los intereses de las mujeres trabajadoras y de la juventud precaria, ha dejado claro en Madrid lo lejos que han llegado en su actitud de luchar bajo bandera ajena. Para ellas la comunidad trans, la que sufre una opresión brutal desde tiempos inmemoriales, se ha convertido en la causa de la opresión de la mujer, y haciendo gala del supuesto “borrado de mujeres” está confluyendo con las voces más reaccionarias que en estos días han lanzado una ofensiva miserable aprovechando la actuación de una justicia machista y franquista.

Los hechos son tozudos. Ver como se comparten proclamas junto a la extrema derecha en su furia contra la comunidad trans, o se da pábulo a toda la demagogia volcada contra la ley del solo sí es sí, pero al mismo tiempo se cubre a una judicatura llena de fascistas, franquistas y machistas, tal como hacen las dirigentes “feministas” del PSOE, también compromete a todos aquellos sectores del feminismo que se han puesto a la cola de esta estrategia.

Que el PP se presente ahora como el defensor de los derechos de las mujeres es un insulto para todas las jóvenes y trabajadoras que hemos llenado las calles contra las sentencias machistas y hemos denunciado a esta justicia franquista. Los herederos de la dictadura, los que gobiernan con Vox, los protectores de los empresarios violadores, los que justifican nuestra explotación más salvaje, los homófobos y transfobos, los de la Patria, Familia, Dios y Bandera, son los enemigos declarados de los derechos de la mujer porque siempre han estimulado todas las formas posibles de violencia contra nosotras. Por eso es tan lamentable que haya feministas que les hagan el juego de forma tan descarada y deplorable.

Irene Montero está siendo el blanco de los ataques de la derecha y de las dirigentes del feminismo más institucionalizado y de moqueta, más burocrático y pro patronal. Libres y Combativas hemos sido y seguimos siendo muy críticas con la participación de Unidas Podemos en el Gobierno central, pero eso no nos impide ver que al frente de esta campaña están nuestros enemigos de clase y persiguen una finalidad política muy clara: golpear, desmoralizar y perseguir al masivo movimiento en las calles que ha colocado los derechos de las mujeres trabajadoras y jóvenes en el centro del debate.

Hemos manifestado nuestra solidaridad a Irene Montero contra estos ataques de la reacción, porque sabemos en qué trinchera estamos. Y esto no nos impide decir a Podemos y a la compañera Irene que no creemos que la solución a que los jueces y juezas machistas “apliquen erróneamente la ley” pase por “reforzar la formación obligatoria al personal judicial”. La única forma de combatir el carácter reaccionario, franquista y machista del aparato judicial es depurarlo por completo,  no con cursos de formación o pactando con el PP la colocación de dos ultraderechistas al frente del Tribunal Constitucional.  

Libres y Combativas siempre nos hemos posicionado a favor de todas aquellas medidas que hagan avanzar en derechos a las más oprimidas y explotadas de la sociedad. Queremos que las leyes sean lo más progresistas posibles y que nuestros agresores reciban castigos ejemplares. Sabemos que los cambios en la legislación son en muchos casos el fruto de la lucha de masas por abajo. ¿Existiría la Ley del Solo Sí es Sí si en 2018 no hubiera habido una rebelión en las calles contra la sentencia de la Manada? ¿O sin que una marea morada de millones de mujeres y hombres cada 8M demuestre su fuerza y carácter de clase? Por supuesto que no.

Pero el simple hecho de aprobar una ley no garantiza que se vaya a cumplir, o que nuestro derecho a la libertad sexual –en este caso concreto– esté protegido. A la mayoría de jueces y juezas no les falta educación con perspectiva de género, les sobra fascismo y odio de clase. Por eso, la única solución pasa por depurar el aparato del Estado, la judicatura, la policía, el Ejército, de esta calaña de fachas con toga que no dudarán en seguir aplastandonos en cuanto tengan la posibilidad.

Y hay que hacerlo ya. Pero hay que hacerlo en base a la movilización más decidida y enérgica, en base a la organización de las mujeres trabajadoras y jóvenes. La violencia machista es una lacra social que nace del capitalismo. Solo derribando este sistema podremos ser libres.

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